domingo, 8 de julio de 2012

Voto nulo contextualizado



En esta editorial, se busca responder a la siguiente pregunta: ¿Cuál es el efecto del voto nulo sobre los partidos políticos mexicanos? . A continuación mi análisis. 

Voto nulo contextualizado

NTRzacatecas.com
René Fernando Lara Cervantes
Martes 17 de abril de 2012
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Ya se encuentra en curso la carrera, con bastantes obstáculos, por la Presidencia de la República, diputaciones y senadurías. A la cabeza de la representación de sus partidos, Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Gabriel Quadri avanzan a velocidades tan diversas sobre el camino electoral como encuestas hay.

Y mientras la ciudadanía se ve sitiada por espots televisivos y radiofónicos, y demás artilugios de la mercadotecnia política; cuyo objetivo es influenciar el voto a favor de uno de los partidos y/o candidatos, los cuales dejan al potencial elector inerme en el fuego cruzado de las propuestas y desacreditaciones de los contendientes. Sin embargo, si la confusión es mucha o simplemente se desea privarse de participar, por cualquier razón, se puede recurrir a al abstencionismo, o bien, erogar un voto nulo. Respecto a la última opción la cuestión aquí es: ¿qué tan responsable y efectivo es emitir un voto nulo?

Éste es un tema polémico, que ha generado un fuerte debate sobre sus pros y contras desde el año 2009 y que debe ser tomado en cuenta en los comicios federales de este 2012, donde la cifra de mexicanos con credencial para votar en vigor es de 70 millones 521 mil 279, casi 8 millones más de los registrados en 2006, de acuerdo con cifras de La Prensa (México). Respecto al voto nulo, Octavio Rodríguez Araujo colaborador de La Jornada (Nacional), describe que el voto nulo es consecuencia de la falta de credibilidad de los partidos y candidatos, de la percepción de que la clase política mantiene como rehén al país o bien por simple anarquismo. Rodríguez se le opone rotundamente ya que lo considera una acción personal que repercute en lo colectivo.

El ciudadano puede pensar que está “castigando” al sistema, manifestado un desacuerdo que produce solamente satisfacción individual, por lo que anular el voto es permitir, intencionalmente, que los que sí votan elijan a los funcionarios por el resto de los mexicanos, mientras el abstencionista cree que por no votar, no le debe nada a los nuevos funcionarios, supuesto que se desvanece por el cinismo generalizado de los burócratas, poco o nada comprometidos, con sus electores y que igualmente llegarán a ocupar sus respectivos puestos, aspecto que no consideró por su ética privándolo de elegir al “menos malo”.

El 15 de junio de 2009, el equipo de comentaristas del programa Primer Plano, transmitido por canal Once, sometió a debate los efectos del voto nulo sobre el sistema político mexicano. En esa emisión, trataron las causales ya mencionadas con anterioridad, pero también trataron los posibles beneficios de este tipo de voto. Con base en declaraciones de ex consejeros del IFE, el voto nulo se suma a la base sobre la cual se calcula el 2 por ciento que por ley un partido político debe obtener para mantener su registro, con lo cual los “partidos negocios”, los “partidos mercenarios”, referidos así por José Antonio Crespo, que reciben cuantiosos recursos y salen carísimos al país, pudieran ser depurados y así liberar recursos.

Sin embargo, Lorenzo Meyer hace un señalamiento importante, el cual consiste en que bajo este escenario el PRI, el PAN y el PRD no se verían afectados, siendo completamente injusto ya que enfatizó que éstos son los que han provocado un desastre nacional, es decir, que estos grandes partidos tendrían un aumento considerable en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados gracias a la representación proporcional. Así que como podemos apreciar, el voto nulo puede reafirmar aún más la presencia de un oligopolio político, en contrapeso con liberar lastre al presupuesto necesario para apoyar a los partidos políticos.

México es una democracia de dientes para afuera, en realidad para que el voto nulo fuera una protesta pacífica efectiva, Rodríguez arguye que se requiere de fuertes reformas al sistema político, que garanticen la existencia de propuestas fuertes, benéficas y cotejables para los ciudadanos mexicanos, y no la demagogia generalizada que domina nuestra realidad política. Tenemos los partidos que tenemos porque hasta ahora no se ha mejorado la fórmula para proponer una alternativa organizada, en palabras del mismo Rodríguez: somos un país en donde el voto se compra con una despensa o con láminas de cartón enchapopotado.

En esta tragicomedia política, es bueno preguntarnos qué conseguimos con el voto nulo. La evidencia anterior muestra que en realidad no se castiga a nadie y al mismo tiempo no se está de acuerdo con nada, es un rechazo generalizado y un mensaje borroso que a la hora de los números sólo le hace cosquillas al tigre y los cambios que produce son mínimos. Es sumamente importante contextualizarse en la paradoja que vivimos; es verdad que hay hartazgo por clase política, pero aún así se cree que las elecciones fortalecen la democracia. 

Así que de momento, en lo que se inicia un movimiento por crear una democracia participativa, donde no se nos pida un voto y luego se nos ignore y no se nos escuche durante todo el periodo, lo más prudente parece ser votar por el “menos malo”, aunque, como dice Lorenzo Meyer, esto tiene un sentido perverso. Es la mejor opción más viable para no perjudicar a las minorías que pudieran obtener algún beneficio. Hasta el próximo martes.


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