lunes, 24 de octubre de 2011

La eternidad de lo externo


La siguiente colaboración es un análisis sobre la deuda externa mexicana, el texto es el primer borrador que escribí, ya que el que lleva las correciones mínimas hechas en el diario no fue subido al sitio web. Como  sea agrego una liga para que si gustan, puedan ver como quedó la edición impresa.


LA ETERNIDAD DE LO EXTERNO

Por: René Fernando Lara Cervantes



   Al final de la Guerra de Independencia (1821), el país quedó devastado y por ello, en 1824, se vio obligado a solicitar un préstamo a Inglaterra para cubrir los costos de la nómina gubernamental y del ejército. Durante el Porfiriato (1876-1911) se desarrolla el ferrocarril y se industrializa la Nación. Sin embargo, la carencia de capital se vio compensada con el ingreso de capital extranjero, el que recibió todo tipo de facilidades para explotar los recursos nacionales y así impulsar el crecimiento económico. Esta forma de desarrollo capitalista salvaje, bajo formas legales, sumada a la marginación política, a la crisis e inflación, fueron la receta perfecta para el movimiento revolucionario que estalló en 1910. Los gobiernos posteriores a este hecho adoptaron el modelo de Sustitución de Importaciones para disminuir la dependencia hacia el exterior. Empero, los beneficios de dicha estrategia se agotaron en la década de los setenta y el Gobierno buscó una reformulación de la estrategia económica; esfuerzo que se vio truncado por el boom petrolero en el sexenio de López Portillo (1976-1982). Con la pérdida de los beneficios del modelo de Sustitución de Importaciones, el gobierno  recurrió al endeudamiento externo a través del Fondo Monetario Internacional (FMI).  El crédito otorgado por este organismo, fue ampliado gracias a los ingresos extraordinarios recibidos por la exportación de petróleo y con la caída de los precios del hidrocarburo en 1982, por el ingreso de nuevos productores, derivó en una crisis económica de proporciones nunca antes vistas que incrementó los pagos por servicio de la deuda a niveles estratosféricos. Según la revista Aportes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) durante el boom petrolero el servicio de la deuda pasó de 33 mil 946 millones de dólares (mdd) en 1978 a 87 mil 600 mdd en 1982, lo que representó un crecimiento del 158%. Sin duda, la década de los ochenta representa el inicio de un nuevo concepto de deuda externa para México.

   Estimado Lector, el breviario histórico que acaba de repasar, es crítico para entender el presente y, con toda seguridad,  el futuro de la economía de nuestro país. Actualmente, la situación no es  diferente a la del fin de la Guerra de Independencia, la del Porfiriato o la de los años de la bonanza petrolera. Hoy día, Calderón H. sigue rompiendo records, de acuerdo a La Jornada (Nacional) a sólo 4 años de iniciado su gobierno, la deuda externa total alcanza un monto de 182 mil mdd, simbolizando un incremento de un 54% respecto a su nivel anterior. Noticia para nada alentadora, según El Economista, en caso necesario, México puede contratar una línea de crédito flexible con el FMI, que elevaría la deuda externa en 7.4 puntos del PIB pasando de 24.2% a un 31.6% de éste.

   La magnitud de la deuda externa no debe ser asunto sólo limitado a hacer su interpretación y medición en pesos y centavos, también es imperativo considerar los efectos sobre nuestra soberanía y el desarrollo nacional. De acuerdo a las prácticas del FMI, México tiene que consultar con dicho organismo sobre los posibles ajustes de política económica, no sólo pasando por alto aquello que puede convenir más a la sociedad, al otorgarle prioridades a los acreedores externos y lo hace, aún cuando esos pagos por servicio de la deuda pudieran ser destinados a programas de desarrollo nacional para mejorar el bienestar de millones de mexicanos.

Sin duda, la deuda externa es un mecanismo que condiciona las relaciones económico políticas, ejerce presión, somete pueblos y reafirma jerarquías de dominación. Nuestra historia nacional es un registro muy claro de estas consecuencias y hasta que no aprendamos la lección seguiremos viviendo bajo la eternidad de lo externo, al darle, de ese modo, continuidad.

 El artículo está en la página 5A http://issuu.com/ntrmedios/docs/20110419

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