martes, 25 de octubre de 2011

Se busca culpable




En México, ¿quién tiene la culpa del mar de problemas que, con su oleaje nos azota día con día? Este artículo busca describir un poco a los presuntos culpables del asunto.

Se busca culpable

NTRzacatecas.com
René Fernando Lara Cervantes
Martes 28 de junio de 2011

En años recientes, los temas de coyuntura que acaparan los espacios de los diversos medios de comunicación han sido, grosso modo, el crimen organizado, la crisis económica y la ya histórica discordancia política, cuyos efectos, en gran parte nocivos, son discutidos y difundidos con gran naturalidad, a menudo, sin darles la relevancia que merecen.
La ciudadanía, por su parte, en la mayoría de las ocasiones, al leer el periódico, escuchar la radio o ver los noticieros televisivos, probablemente adopta una actitud que se debate entre la apatía y la resignación ante la constante repetición de eventos desafortunados que se reportan día con día. Lo usual es culpar a las autoridades por esa situación. Sin embargo, y más allá de eso, hay una interrogante a la que deberíamos responder: ¿estamos haciendo algo como ciudadanos para mejorar la situación actual?
Para tratar de responder a la pregunta anterior, abordemos la cuestión desde la perspectiva de la participación ciudadana, a la que el doctor Jorge Balbis define como toda forma de acción colectiva que tiene por interlocutor a los Estados y que intenta –con éxito o no– influir sobre las decisiones de la agenda pública. Desgraciadamente para México, el paradigma generalizado de la participación ciudadana puede ser reducido hoy al simple involucramiento de la ciudadanía en los procesos electorales. Así, una vez marcada la boleta y depositaba en la urna, se puede considerar “consumada” la labor como ciudadanos.
De acuerdo con Sergio Zermeño, miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la participación ciudadana debe de abarcar un espectro más amplio de situaciones, tales como la asignación del presupuesto, el monitoreo de los funcionarios públicos, la detección de necesidades prioritarias en su lugar de residencia, el cuidado del medio ambiente, sólo por mencionar algunas. Las funciones de dicha participación son diversas, una de ellas consiste en garantizar la continuidad de proyectos, sobre todo los de índole social, ya que las organizaciones ciudadanas, preferentemente, no están ligadas a los ciclos políticos relacionados con los cambios de administraciones. A su vez, la función de articulación, que consiste básicamente en mitigar la discordancia entre las acciones y los plazos de la articulación de las mismas es de vital importancia para la aplicación apropiada de los programas estatales y federales en campos como salud, educación, empleo, etcétera.
La función orientada al acopio de recursos consiste en la búsqueda de financiamiento, público y/o privado, para proyectos de creación ciudadana que son previamente avalados y revisados por profesionales. Esta función es crítica en lo concerniente al empoderamiento de la sociedad para poder hacer frente a la adversidad, ya que sin recursos es imposible realizar experimentos sociales o ejercicios piloto para reforzar a la misma. Por último, la función de información y difusión es fundamental para la transparencia, pero más que nada, es de suma importancia para difundir más allá de las fronteras, locales e internacionales, los logros y beneficios del ejercicio de la participación ciudadana en el diseño y gestión de proyectos para el mejoramiento de la calidad de vida para la sociedad.
Ejemplos de algunas de estas funciones pueden ser observados en el encuentro que sostuvo el poeta Javier Sicilia con el presidente Felipe Calderón en el Castillo de Chapultepec el jueves pasado, donde, a través del diálogo, se busca hacer converger las propuestas del gobierno y de la ciudadanía en materia de seguridad y de la estrategia contra el crimen organizado.
La participación ciudadana, como podemos observar, consta de más elementos que sólo marcar una boleta y depositarla en una urna. Ésta es un instrumento tan eficaz para equilibrar la balanza del poder, que de verdad amenaza a los beneficios potenciales que se pueden obtener desde un cargo público. En palabras de Sergio Zermeño: “los partidos en sociedades dependientes, de exclusión creciente, tienden a convertirse en gestores de la pobreza y en esa medida lo social es visto como clientela movilizable y manipulable…” la lógica política busca resolver los problemas más inmediatos y vistosos, por ejemplo, la repavimentación de caminos, la entrega de despensas, o bien, lo que pudiera ser el tema de actualidad más representativo, los operativos en el combate al narcotráfico y al crimen organizado a través del Ejército Mexicano, orquestados por Felipe Calderón, y la difusión masiva de los resultados de los mismos a través de espots de radio y televisión.
Querido lector, es una verdad irrefutable que nuestros funcionarios e instituciones tienen culpa de sobra en la precariedad reinante que nuestro entorno nacional nos presenta, pero también hay que preguntarse cuánto tenemos de culpa, como ciudadanos mexicanos que somos, por no estar mínimamente organizados como sociedad para poder coordinar, a través de acciones, la defensa de nuestro patrimonio, de nuestros espacios públicos y derechos, por la creencia generalizada de que, sólo por emitir un voto, nuestros problemas van a desaparecer. ¿Podemos cambiar?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada