martes, 25 de octubre de 2011

Primacía estatal, la lógica del suicida y el asesino y las instituciones ciudadanas


¿Está haciendo algo la ciudadanía mexicana para sancionar a los malos gobiernos y a las ineficientes instituciones? 

Primacía estatal, la lógica del suicida y del asesino y las instituciones ciudadanas

NTRzacatecas.com
René Fernando Lara Cervantes
Martes 5 de julio de 2011

La dinámica social de los países es vital en los proyectos de participación ciudadana que estén operando, o bien, en aquéllos que se encuentren en etapa de diseño. Esta dinámica puede orientarnos para conocer el posible futuro inmediato de las movilizaciones ciudadanas, según el contexto en el que se desarrollen. Existen tantas dinámicas sociales como países, estados y regiones en todo el mundo, sin embargo, se ha preguntado usted alguna vez: ¿cuál es la dinámica social detrás de los movimientos sociales en México?
Para responder a esta pregunta, Sergio Zermeño considera que, en la dinámica de la acción social en México, hay dos grandes influencias: la primacía del actor estatal y lo que puede llamarse “la lógica del suicida y del asesino”. El primer punto mencionado hace referencia a una estructura piramidal, que históricamente ha sido reforzada por una herencia imperial proveniente de las culturas nativas de México y luego por la ocupación española; para posteriormente incrementar su fuerza gracias al poderoso Estado que surgió de la Revolución Mexicana.
Ante esta influencia, los movimientos ciudadanos normalmente se enfrentan a la intransigencia del tope superior de la pirámide en notoria desventaja. Hecho que genera dos vertientes dentro de los movimientos: una negociadora y reformista, y otra dura y radical. Esta discordancia entre ambas provoca una carrera contra el tiempo para la obtención de resultados favorables y, de no conseguirse, el movimiento perderá toda su fuerza y a sus miembros congregados, ya que la cohesión del mismo depende de lograr dichos resultados.
La lógica del suicida y del asesino surge de la primacía estatal, ya mencionada. Dada la heterogeneidad de los integrantes de un movimiento y del delgado hilo que mantiene unidos a los miembros, se crea una ruptura que tiene el potencial de destruir la movilización. Tal ruptura consiste básicamente en que, ante la división interna por el antagonismo latente delmodus operandi, tanto de la parte negociadora como de la radical, éstas terminarán finalmente enfrentándose al vértice de la pirámide (al Estado) bajo la lógica de “el todo o nada”, el “águila o sol”, o bien, “derroco al gobierno o me matan”; mientras que el Estado actuará bajo la bandera de: “o acabo con estos alzados o me tumban”.
Estas dos grandes influencias de la dinámica social de México sin duda crean más problemas que soluciones, puesto que tienden a disolver, antes que a consolidar, movimientos ciudadanos. Querido lector, ahora que ya conoce estos factores fundamentales sobre nuestra dinámica social, aún queda reflexionar sobre cómo cambiar dicho curso para lograr una verdadera participación ciudadana. Una alternativa sería hacerlo a través de instituciones, que según la Economía Institucional, son organizaciones establecidas, con costumbres, prácticas y reglas propias. Las que a su vez se dividen en dos, instituciones formales e informales, consistiendo las formales en reglas públicas diseñadas por autoridades oficiales y aplicadas por instancias del mismo tipo; mientras que las instituciones informales son reglas y mecanismos autorreguladores generalmente aceptados y no aplicados por ninguna instancia pública.
Para que una institución pueda ser considerada como tal, requiere de la aplicación de sanciones al ser violada alguna de las reglas establecidas. Las instituciones formales lo hacen a través de organismos que velan por el cumplimiento de las leyes, mientras que en las informales el factor autorregulador es un incentivo suficiente para aceptar las reglas y castigos aplicados por los mismos actores en juego. Un ejemplo son los boicots comerciales hacia alguna empresa, la empresa con tal de no perjudicar su reputación accederá a seguir un conjunto de reglas que no estén contempladas por las leyes o regulaciones.
Es prioritaria y urgente la creación de ambos tipos de instituciones en el área de la participación ciudadana. Un ejemplo de una institución formal sería el de una ley para la participación ciudadana, que dé un empoderamiento real a los movimientos ciudadanos y a su vez minimice la heterogeneidad de los mismos, garantizándoles que sus propuestas serán escuchadas, evaluadas e implementadas dentro de la planeación del modelo de desarrollo. Mientras que, por el lado informal, es necesario un cambio en la ideología y en el paradigma de lo que implica ser ciudadanos, para dejar de ser una clientela manipulable y maleable, hasta ahora inerme ante las fuerzas políticas.
Estimado lector, si buscamos un cambio auténtico en nuestro país, comencemos por nosotros mismos como sociedad, demos nuevo rumbo a nuestra dinámica social y hagamos creíble que somos capaces de sancionar a quienes abusan de nuestro país.


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